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Los perros son los mejores compañeros que una persona puede tener, y hace falta poco tiempo para que se acaben convirtiendo en parte de nuestra familia. Convivimos con ellos, compartiendo un montón de momentos valiosos: los paseos, los juegos, las excursiones… Pero, incluso cuando no estamos haciendo nada en concreto, ellos están ahí, siempre a nuestro lado, observándonos, acompañándonos y brindándonos su cariño y lealtad. Es natural que para muchas personas su perro termine siendo más importante en su vida que muchas personas, ya que el vínculo que se crea entre mascotas y propietarios es muy intenso. Por ello, cuando nuestro perro muere, podemos sentirnos muy tristes y abatidos, experimentando todo un proceso de duelo similar al que viviríamos si perdiéramos a un ser querido. Esto no es motivo para sentirse mal, culpable o avergonzado. Cuando nuestro perro se va, perdemos a un gran amigo, por lo que es inevitable sentir un gran vacío, dolor y tristeza.
El duelo por la pérdida de una mascota no es muy diferente a cualquier otro duelo. Es un proceso adaptativo necesario para superar esta complicada etapa y sanar todas esas emociones que se mezclan en nuestro interior. Las fases del duelo son la negación, la ira, la negociación, la tristeza y, finalmente, la aceptación, cuando comprendemos que tenemos que seguir adelante porque no podemos cambiar lo sucedido.
1- Cómo gestionar el duelo por la muerte de tu perro
Cuando nuestro mejor amigo se va, ya sea de forma repentina, por ser mayor o tras una enfermedad, sentimos un montón de cosas a la vez. Tristeza por no volver a verlo más, ira porque nos parece injusto que nos pase a nosotros, o quizás incluso nos culpemos por no haber hecho más por nuestra mascota. Te sientas como te sientas en este doloroso momento, es totalmente normal. No hay forma de evitar el proceso de duelo, pero sí hay ciertas cosas que puedes probar para encontrar un poco de luz en tan traumática situación.
Dependiendo de cuan repentina haya sido la muerte de tu perro, tus emociones pueden variar mucho. Además, cada persona es diferente, tiene un bagaje y unas experiencias propias y no existe una manera correcta o incorrecta de sentirse en estos momentos. Sea lo que sea que estés experimentando, no te juzgues. Quizás ya has perdido antes a otros perros y, aunque estás muy triste, has aprendido a superar más rápidamente este doloroso trance. O a lo mejor ya has realizado el duelo durante los últimos meses de tu perro, si ha sufrido una larga enfermedad. Es posible que tu perrito se haya ido inesperadamente y te sientas hundido y muy abatido. Está bien: compréndete y sé amable contigo. Con el tiempo te sentirás mejor, y aunque siempre recordarás a tu amigo peludo, podrás vivir con ello y seguir adelante.
Algunas personas que no han compartido sus vidas con un perro o que no son especialmente empáticas podrían considerar que no es para tanto que tu mascota se haya ido. Para algunos, un perro es solo un perro, pero para ti es mucho más que eso: tu fiel y leal amigo. No dejes que estas personas juzguen cómo te sientes y procura hablar de tus emociones con gente que sí te comprenda en este triste momento. Si no tienes a nadie en tu entorno para hacerlo, puedes buscar grupos de apoyo o foros en Internet. Compartir tu pena no hará que desaparezca, pero sentirte entendido y validado en tu sentir aliviará un poco esa amarga sensación.
A algunas personas los rituales les ayudan a tomar conciencia de lo que ha pasado, despedirse de su ser querido y seguir adelante. Si crees que podría servirte, piensa en llevar a cabo algún acto simbólico que signifique algo para ti y te permita recordar a tu peludo y también decirle adiós. Eso sí, hazlo solo cuando te sientas preparado, ya que de lo contrario podrías hundirte más. No hace falta que sea algo grandioso: puedes optar por un detalle sencillo. Quizá salir a pasear por donde solíais ir y recordar vuestros buenos momentos juntos, enterrar en su lugar favorito del parque algún juguete suyo, o escribir unas palabras sobre lo que sientes por tu perro. Es posible que te asalten emociones dolorosas, pero estos rituales pueden resultar muy catárticos.
Si tu perrito era muy mayor, estaba enfermo o se ha ido de forma inesperada por algún accidente, es muy probable que no dejes de reproducir sus últimos momentos en tu mente, lo que provocará que te sientas muy triste y desconsolado. Sin embargo, puedes intentar cambiar esos pensamientos poco a poco, sustituyéndolos por recuerdos felices al lado de tu mascota. Ojalá nuestros perros viviesen para siempre, pero por desgracia, su muerte es algo inevitable, como también algún día nos iremos nosotros. Enfócate en la suerte de haber compartido unos años de tu vida con tu mascota, todo lo que ella hizo por ti y todas las formas en las que tú la ayudaste a tener una vida lo más feliz posible. ¡Fuisteis afortunados por conoceros! Y, créenos, con el tiempo los recuerdos felices pesarán más que el dolor.
Cada persona es diferente y cada duelo, también. Quizá, tras la muerte de tu perro sientas la necesidad de hablar de él, de ver fotos suyas y lo tengas siempre presente. O es posible que trates de evitar el tema porque resulta demasiado doloroso para ti. Sea como sea, date un tiempo, pero en cuanto estés preparado, intenta normalizar el hablar de tu perro, compartiendo anécdotas con tu familia. También podéis preparar un álbum de fotos y así, siempre que lo miréis, recordaréis los maravillosos momentos que vivisteis juntos. Enfócate en las experiencias bonitas y divertidas para recordar a tu perro como lo que fue: un gran compañero que os llenó de amor y felicidad.
Con todo el tiempo que pasamos con nuestro perro, es normal que, al marcharse, no sepamos cómo llenar ese vacío. La hora del paseo, las rutinas diarias que compartíais, los juegos en casa… Los primeros días, es posible que salgas a la calle solo sin saber por qué, solo para pasar por los mismos lugares de siempre o saludar a los perritos con los que solía jugar tu peludo. Poco a poco, puedes probar a llenar ese tiempo con otras cosas que te gusten: aficiones, tiempo con los tuyos, deporte… La vida sigue y seguro que tu perro querría verte feliz y contento.
En la etapa del duelo de la negociación es muy común comenzar a trazar hipótesis de qué hubiera pasado si hubiésemos hecho esto o lo otro, lo que nos puede llevar a un gran sentimiento de culpabilidad. Independientemente de las circunstancias de la muerte de tu perro, piensa que tú hiciste todo lo que pudiste por él en ese momento, con las herramientas y conocimientos que tenías por entonces. No hiciste nada mal intencionalmente, y aunque es natural sentir culpa, intenta gestionar esta emoción y redirigirla hacia pensamientos más constructivos. Lo hiciste lo mejor que supiste y está bien. La muerte es una parte inevitable de la vida y, poco a poco, conseguirás pasar a la etapa de aceptación.
Los niños, especialmente los más pequeños, son los que más pueden sufrir la muerte de las mascotas. Su corta edad hace que no comprendan esa desaparición repentina e irrevocable, y es posible que se sientan muy tristes y te hagan muchas preguntas. Lo mejor en estos casos es explicarles la situación de manera adaptada a su edad. Aunque tengas la mejor de las intenciones, no intentes engañarlos, sino que trata de acompañarlos y apoyarlos en este duro trance.
Por otro lado, las personas que viven solas con un perro, especialmente si son mayores, también son muy vulnerables a esta pérdida. Procura estar pendiente de ellas, escucharlas y arroparlas. Perder a tu mejor amigo con el que compartías las 24 horas del día no es poca cosa.
¿Piensas que es exagerado recurrir a la terapia para superar la muerte de tu perro? Pues no lo es. No te sientas mal si necesitas ayuda para afrontar este doloroso momento. Como decíamos antes, la relación entre humanos y perros puede llegar a ser tan estrecha y significativa como entre dos personas, y nadie, ni siquiera tú, debería juzgar cómo te sientes. Si pasa el tiempo y sigues sintiéndote triste, abatido y no superas el duelo, busca ayuda psicológica para comenzar a sentirte mejor.
Aunque estamos seguros de que es imposible sustituir el lugar que tu perro ocupa en tu corazón, quizás sientas el impulso de adoptar otra mascota rápidamente para paliar el dolor que estás sintiendo. Se trata de una decisión muy personal y solo tú sabes lo que necesitas en estos momentos, pero quizás quieras plantearte el esperar un poco. La nueva mascota que te llegue a tu vida se merece un comienzo desde cero y contar con tu mejor versión para que lo cuides y lo atiendas como se merece. Una vez hayas pasado el duelo por la pérdida de tu peludo y te sientas realmente preparado para tomar la decisión de adoptar otro perrito, hazlo sin miedo, abriendo por completo tu corazón a este nuevo integrante de tu familia. Porque la vida con un peludo cerca siempre es mucho mejor.